sábado, 2 de junio de 2018

Películas, libros, arte y un poema para entender Palestina


Algunas de las obras literarias, cinematográficas o plásticas más emblemáticas para navegar por la historia y el alma del pueblo palestino.

La cueva del sol, de Elias Khoury (1998)
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Palestinos protestan en el 70º aniversario de la Nakba (El día de la Catástrofe en 1948) al sur de la Franja de Gaza, 2018. Said Khatib/AFP/Getty Images
Ha llegado a ser descrita como la “Odisea palestina”, basada en las historias que el autor reunió a lo largo de muchos años en los campos de refugiados de su Líbano natal. Yunes (Abu Salim, entre otros nombres) yace en estado de coma en un hospital derruido del campo de refugiados de Shatila, a las afueras de Beirut. Su hijo espiritual, Khalil, permanece al lado de la cama del anciano para cuidarle, negándose a admitir que puede que su héroe nunca recobre la conciencia. Durante los días y noches de los siguientes siete meses y cual un Scheherazade del siglo XX, Khalil relata la historia de Yunes, la historia del exilio palestino; ambos en coma esperando a que alguien o algo les despierte.
Uno de los hilos conductores de la historia de Yunes (Jonás, en la traducción al castellano) es la historia de amor con su esposa, símbolo a su vez de la resistencia femenina a la ocupación, con quien se encuentra furtivamente a lo largo de los años en la cueva del sol, en los únicos momentos en los que puede ser él y no un héroe para los fedayín. A traves de Yunes, Khalil también relata la historia del movimiento nacional, que componen millones de voces palestinas que sus historias logra encapsular (“contigo he descubierto las muchas personas que habitan en mi interior y siento que con ellas podría conversar eternamente”).
Khalil trata así de ordenar en su cabeza los datos que ha ido recopilando -directa o indirectamente- sobre Yunes, de dar así sentido a la causa palestina sobre la base de retazos y testimonios inconclusos, en un ejercicio similar al de los historiadores de ayer y hoy, aún incapaces de abarcar la enormidad de décadas de alienación. “La memoria es el resultado de ordenar el olvido”, recuerda Khalil.
Más que de una novela sobre Palestina per se (el autor ha afirmado en muchas ocasiones que se trata de una novela “sobre Galilea”), La cueva del sol es una obra sobre la Nakba (o Catástrofe) de 1948, un relato de la experiencia palestina tras la creación del Estado de Israel pasando por la guerra de 1967, los acontecimientos del Septiembre Negro, la Guerra del Líbano y las masacres de Sabra y Shatila. Una mirada de cerca además a la vida en los campos de refugiados, la lucha por la liberación palestina. Se trata de un libro complicado, como lo es el propio transcurso de los palestinos: las historias se ven interrumpidas por otros pensamientos, el pasado y el presente se intercambian sin especificar cuándo tiene lugar cada acontecimiento… No hay héroes, ni villanos ni mártires, sólo seres humanos.

5 cámaras rotasEmad Burnat y Guy Davidi (2012)
Se trata de un poderoso documental rodado casi en su totalidad por el granjero palestino Emad Burnat, y codirigido por el israelí Guy Davidi. Muestra de primera mano las protestas en Bil’in, una aldea en Cisjordania tremendamente afectada por el muro del apartheid, y está estructurado en torno a las historias que Burnat capturó entonces a través de su lente. Éste compró su primera cámara en 2005 para marcar el nacimiento de su hijo menor, y poco a poco se fue convirtiendo en fotógrafo autodidacta. El documental debe su nombre a ésta y las siguientes cuatro cámaras que tiene que comprar para reemplazar a la primera, cada una destrozada a su turno por las fuerzas israelíes. El documental acompaña a la familia y amigos de Burnat, que pronto empiezan a ser víctimas de acoso y violencia,  a través de cinco cámaras y cinco años consecutivos de conflicto bajo la ocupación. Un testimonio en primera persona y a pocos centímetros de distancia de resistencia no violenta, a lo largo del que el espectador comienza a entender los efectos que la ocupación tiene en el día a día, conciencia comunitaria y personalidad de los palestinos más allá de los enfrentamientos.

Regreso a Haifa, Ghassan Kanafani (1969)
Ghassan Kanafani fue uno de los novelistas más importantes de Palestina, autor de algunas de las obras más admiradas en la literatura árabe moderna, con historias adelantadas a su tiempo tanto en forma como en contenido. El profesor Fadl al Naqib dijo que Kanafani escribió la historia palestina, y fue luego escrito por ella. Kanafani fue también activista y político, asesinado por un coche bomba (que también mató a su sobrina) en Beirut en 1972 a la edad de 36 años, tras lo cual el diario libanés The Daily Star le dedicó en su obituario: “era un comando que nunca disparó un arma, cuya arma era un bolígrafo, y cuya arena eran las páginas de los periódicos”.
Entre sus relatos cortos más conocidos y simbólicos destaca Regreso a Haifa, un testamento de su compromiso con la lucha por la liberación, pero también de su profunda empatía hacia el otro que muchos tratan de demonizar y una aguda crítica al precio que unos y otros pagan por las guerras. El libro relata la historia de dos familias, una palestina y otra israelí, obligadas por la historia a una intimidad que nunca hubiesen elegido, simbolizado por una cita: “no has preguntado, pero sí, los dos podéis quedaros en nuestra casa por el momento. Y usar nuestras cosas. Me imagino que se necesitará una guerra para resolver todo esto”. En 1948, Said y Safiyya fueron expulsados de su hogar durante la Nakba. En el caos que rodeó su escape, la pareja dejó atrás a su hijo de cinco meses. Tras su huida, su casa es ocupada por una viuda llamada Miriam, que perdió a su marido en la Guerra de 1956 y ha criado al niño como si fuera suyo, orgullosa de sus éxitos en el Ejército israelí. Aprovechando que las fronteras ya no estaban cerradas a cal y canto inmediatamente después de la Guerra de los Seis Días de 1967 y con la ocupación ya instalada en Gaza y Cisjordania, deciden regresar a Haifa. Son conscientes de que habrá alguien más viviendo en su domicilio, pero nada puede prepararlos para el encuentro con el hijo que tuvieron que dejar atrás: hoy Dov, ayer Khaldun.

Sal de este mar, Annemarie Jacir (2008)
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Sombras de activistas palestinos en una casa abandonada en Cisjordania. Ahmad Gharabli/AFP/Getty Images
Primer largometraje de esta premiada directora palestina y primer largometraje palestino rodado por una mujer. Se centra en la historia de Soraya, una mujer palestina nacida en Brooklyn que se ve obligada a viajar a Ramala para recuperar la casa cercana a Jaffa y dinero de su abuelo, que le habían sido confiscados antes de su expulsión en el marco de la Nakba y hoy están en manos de un banco. Su llegada e interrogatorio en el aeropuerto de Ben Gurion (Tel Aviv) le hace darse de bruces con la realidad: Nueva York quedó atrás, Soraya es una palestina en un país en el que no es bienvenida. En Cisjordania y exasperada por los largos trámites burocráticos a los que su reclamación le enfrenta, se encuentra con Emad, cuyo principal deseo es precisamente tomar el camino contrario: escapar de Palestina, en donde se siente asfixiado. El filme profundiza así en el contraste entre la diáspora palestina, que sueña con retornar y siente una íntima conexión con la tierra que algunos ni siquiera han pisado, y los palestinos de Cisjordania y Gaza, muchos de los cuales no han podido nunca salir de lo que el profesor Ilan Pappé denomina “la mayor prisión al aire libre del mundo”. Juntos traman un plan para hacerse con lo que en realidad pertenece a Soraya, a pesar de que eso implica violar la ley y huir hacia Israel sin poder nunca más volver la vista atrás, nunca retornar a la Palestina que les unió y ha marcado latido a latido, en una forma u otra, toda su existencia.

Diario de un duelo ordinario, Mahmoud Darwish
Resulta imposible hablar de literatura palestina sin hacer alusión a Mahmoud Darwish, cuya cita más conocida y quizás representativa puede que sea “cada poema hermoso es un acto de resistencia”. Su poesía es la poesía de la ausencia y el exilio y, como él mismo declaró en numerosas ocasiones, a ella le debe en gran parte su creatividad. Su poesía lo es también de la dignidad que merece el pueblo palestino, sin la cual no habrá ni paz ni descanso, de la esperanza, del amor y la fragilidad, de la condición del ser humano. Diario de un duelo ordinario es una  colección de ensayos autobiográficos, que plasman tanto la voz del poeta como la del pueblo palestino en su conjunto. Estos ensayos plantean preguntas vitales sobre las realidades existenciales y del día a día a las que se enfrentan muy particularmente los palestinos en Israel y la ambigüedad de la propia identidad de Darwish como ciudadano palestino de Israel. Profundizan en experiencias como su arresto domiciliario, sus encuentros con interrogadores israelíes y los períodos que pasó en prisión.
Mención especial merece la poesía palestina: una  parte importante de los textos escritos por autores palestinos que han sido traducidos a otros idiomas son poesía, toda ella de una riqueza y exquisitez notables.  Una buena introducción a la misma quizás sea Víctimas de un mapa (2005), una antología bilingüe con textos de, entre otros,  Mahmoud Darwish, Samih al Qasim y el poeta sirio Adonis.

Tayseer Sharaf
Sharaf es uno de los artistas más distinguidos de Palestina, miembro activo del movimiento de arte palestino en los 80 y vicepresidente de la Liga de artistas palestinos hasta su muerte en 2001. Él y otros artistas, como Karin Dabbah o Vera Tamari, convirtieron sus exposiciones en actos de resistencia, a los que acudían palestinos de todas clases y condiciones y que las fuerzas de la ocupación empezaron a ver con cada vez mayor desconfianza, llegando a prohibir el uso en exclusiva en una pintura de los cuatro colores de la bandera palestina. Se vio obligado a huir a Egipto con su familia en 1948, y en Alejandría comenzó a adquirir el gusto por la cultura y los contrastes. A través de la pintura y como autodidacta -para él, el arte era un ámbito en el que investigar y probar hipótesis- y una vez de vuelta a lo que se había convertido en Israel, liberó su frustración y tristeza tras la guerra de  1967 y como consecuencia de la ocupación de Jerusalén Este. El resultado es una colección (de tamaño considerable, si tenemos cuenta que sólo dedicó 25 años de su vida a pintar) de obras con colores vivos y trazos vibrantes, en ocasiones tremendamente personalistas e inquietantes, a través de varias épocas y técnicas -impresionista, realista y abstracta. Gran parte de sus obras son prueba del lugar que Jerusalén ocupa en su corazón.

La mujer de Tantoura, Radwa Ashour (2014)
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Una mujer palestina mira el mar en Gaza. Mohammed Abed/AFP/Getty Images
La autora egipcia Radwa Ashour, esposa del poeta palestino Mourid Barghouti (cuyo libro I Saw Ramallah no forma parte de esta lista por limitaciones de espacio) y madre del también poeta Tamim Barghouti, se ha convertido en una referencia para la literatura palestina y árabe, gracias a su maestría a la hora de explicar cómo las mujeres de esa región se enfrentan al conflicto y a la memoria. La mujer de Tantura relata la vida de Ruqayya, y de las tres generaciones que su nacimiento inaugura. La protagonista es una mujer del pueblo palestino de Tantura, localidad al sur de Haifa famosa por haber tenido lugar en 1948 una masacre a manos de fuerzas israelíes, cuya existencia -así como la de todo el que le rodea- es cincelada por los acontecimientos políticos. El libro comienza a principios de los 40 y transcurre con el desarrollo del movimiento nacional palestino como telón de fondo. A lo largo de sus páginas, Ruqayya nos recibe progresivamente como miembros de su familia, partícipes -no sólo testigos- de los eventos a medida que se desarrollan, a medida que tanto ella como nosotros intentamos dar sentido a la violencia y la diáspora que destrozan a su familia y su tierra. Con ella compartimos el dolor repetido de la pérdida, de la diáspora y del desencuentro intergeneracional. El tema principal de la novela es sin embargo la memoria y, de la mano de esta, el olvido impuesto o voluntario para hacer frente al trauma. Y una pregunta permanece en el aire: ¿es Palestina unpedazo de tierra o simplemente un pueblo?
Los personajes de la novela son ficticios (excepto algunas referencias a figuras históricas o políticas), pero la historia se basa directamente en ciudades reales y eventos, incluidas las masacres documentadas de Tantura, de los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila. Destaca en este sentido el realismo de la narración, basado en gran parte en esta realidad de los acontecimientos que la conforman, como núcleos de las relaciones que se van desarrollando, de la vida cotidiana. La mujer de Tantura  recuerda por momentos a La cueva del sol de Khoury, aunque desde un punto de vista femenino y feminista. Representa así una celebración de la cultura popular palestina, de héroes olvidados, grandes y pequeños actos de resistencia. Una novela de Palestina con un toque ligero y cercano (la autora nunca recurre a imágenes violentas o lecciones de moral) que consigue equilibrar horrores y violencia con pequeños actos de felicidad.

Handala
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La imagen de Handala del caricaturista palestino Naji al Alí, Awad Awad/AFP/GettyImages
Resulta difícil pasearse por cualquier bazar de Cisjordania o Jerusalén Este sin ver a Handala en camisetas, llaveros y colgantes. Handala (fruta amarga medicinal del desierto)  nació con 10 años y no dejará de tener esa edad hasta que le sea concedido el derecho de retorno que reclaman millones de refugiados palestinos. A esa edad, fue expulsado de su tierra natal. Su pelo es como el de un erizo que usa sus espinas como arma, se cubre con harapos raídos y está descalzo como los niños del campamento de refugiados. En ocasiones testigo y en ocasiones partícipe de lo que denuncia la respectiva caricatura, sus manos están cruzadas en su espalda como señal de rechazo a los brindis al sol que ofrece a los palestinos la comunidad internacional. En palabras de su dibujante, “al principio era un niño palestino, pero su conciencia se desarrolló hasta tener un horizonte nacional, luego mundial y humano. Es un niño simple pero resistente, y esta es la razón por la que los palestinos lo adoptaron y sienten que representa su conciencia”.
El artista es Naji al Alí que, de acuerdo con la revista Time “dibuja[ba] con huesos humanos”. Se convirtió en uno de los dibujantes más popular del mundo árabe. Sus caricaturas son abrasadoras, sarcásticas, conmovedoras y tal vez demasiado audaces. Reflejaban su experiencia como refugiado palestino desde la más tierna infancia y  su postura política, que a menudo criticaba con dureza a las élites palestinas. Con brutal honestidad, analizó las relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos, Israel y los regímenes árabes y las consecuencias de las mismas para los palestinos. Admirado y odiado quizás a partes iguales, fue asesinado el 22 de julio de 1987 en Londres. Su asesino nunca ha sido detenido.

El narrador de Jerusalén, Wasif Jawhariyyeh (2013)
Esta obra es la autobiografía de Jawhariyyeh, un músico que amenizaba los compromisos y fiestas de la nobleza jerosolomitana. Fue testigo, gracias a su profesión (y a su padre, cercano al eminente clan Husseini), de los trascendentales cambios a los que se vio sometida Palestina tanto a finales del período otomano como bajo el mandato británico. Observó cómo se enrarecía el ambiente, como la violencia era normalizada, cómo los antes vecinos se miraban con sospecha y creciente odio. Se trata de uno de los pocos relatos de esa época no escritos por la élite palestina o por extranjeros, y compuesto además desde la perspectiva del palestino de clase media. Es una historia, en cierto modo, de lo que Palestina podría haber llegado a ser de no haber sido creado el Estado de Israel. Un mosaico de Jerusalén del que son piezas entretejidas los aristócratas, sus familias y amantes, las estrellas y visitantes extranjeros y los musulmanes, cristianos y judíos que día a día atraviesan la Ciudad Santa.

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Un hombre palestino con un borro, de fondo la panorámica de Jerusalén. Thomas Coex/AFP/Getty Images
Caminatas palestinas, Raja Shehadeh (2008)
Raja Shehadeh es un lúcido activista de derechos humanos (director de la prestigiosa organización Al Haq), un amante de la naturaleza y un contador de maravillosas historias sobre Palestina. Cuando regresó de sus años de estudio en Londres, se consolaba del duro día a día en la lucha contra la ocupación en Ramala con excursiones solitarias a lugares en ocasiones escondidos que su padre le había enseñado a amar. En Caminatas palestinas relata en primera persona el recorrido a pie a lo largo y ancho de seis paisajes míticos de Cisjordania, entre 1978 y 2006, y cómo el aventurarse en los mismos fue volviéndose cada vez más peligroso, a medida que se intensificaba la presencia israelí en el territorio ocupado, no sólo en forma de colonias sino también como respuesta a las dos intifadas. El libro relata cómo el mapa en constante evolución de la Palestina histórica es uno de los principales testigos y símbolos de la asimetría de poder que empapa la relación entre israelíes y palestinos, víctima también del trauma de la ocupación. Una historia de Palestina a través de su geografía, textura y relieves, a través de la tierra a la que sus habitantes y/o nacionales se sienten tan vinculados, y cuyo control se encuentra el origen mismo del conflicto palestino-israelí.

Bonus track: Mawtini (mi patria) es un poema nacionalista que la gran mayoría de palestinos recitan de memoria, con numerosas versiones adaptadas a fondo musical, convirtiéndose así en el himno no oficial de los palestinos. Fue compuesto en 1934 por Ibrahim Touqan, un prolífico poeta de la ciudad de Nablus, como un eco atemporal que jugó un papel clave en la movilización de palestinos contra el mandato británico en la Palestina histórica y se ha mantenido vivo a lo largo de la historia del conflicto palestino-israelí, ofreciendo esperanza y otorgando fuerza y ​​coraje a generaciones de palestinos.
Fuente:  https://www.esglobal.org/peliculas-libros-arte-y-un-poema-para-entender-palestina/

martes, 29 de mayo de 2018

“Los movimientos populares de la Primavera Árabe fueron secuestrados por las élites”

La periodista y analista Nazanín Armanian habla con La tinta sobre la actualidad de Medio Oriente y un futuro regional que califica como “tenebroso”.

Por Leandro Albani para La tinta
Un libro claro, dinámico, con información de primera mano que permite despejar dudas y esa espesa nube creada alrededor de los pueblos de Medio Oriente, sus culturas y procesos políticos. Este es uno de los aspectos de No es la religión, estúpido. Chiíes y suníes, la utilidad de un conflicto, de las periodistas y analistas Nazanín Armanian y Martha Zein, que fue publicado en 2017 por la editorial Akal.
“Martha Zein y yo trabajamos sobre el libro durante año y medio, con la historia de los países mencionados, muchos datos e informaciones rigurosamente contrastadas. Creo que, modestia aparte, el libro nos ha salido redondo”, resume Armanian en diálogo con La tinta.
Con un ritmo periodístico que mezcla la historia y el análisis profundo de los modelos políticos y económicos desarrollados en Medio Oriente, el libro aborda de cerca la realidad de Baréin y Yemén, países casi desconocidos por las sociedad de Occidente. También detallan los preceptos del Islam y se desentrañan las construcciones mediáticas y antojadizas sobre conceptos como “yihad” y “martirio”, que tanto escándalo generan en Estados Unidos y Europa. En varios de sus capítulos, en el libro se explica hasta el detalle el enfrentamiento entre Irán y Arabia Saudí, la guerra en Siria, las ansias de poder de Turquía y la voracidad de Israel para seguir con la conquista del territorio palestino.
En No es la religión, estúpido… las autoras relatan la historia de Medio Oriente con un lenguaje simple que nos remonta a los orígenes de las primeras tribus de la región y saltar, en apenas unas páginas, a la crisis desatada hace apenas unos años con las denominadas “Primaveras Árabes”. De forma concreta, refutan todos los lugares comunes sobre la región, regalando a las lectoras y a los lectores la posibilidad de sumergirse en una trama económica, social, política y religiosa que es compleja pero posible de entender.
Armanian explica que existen tres grupos que, desde diferentes intereses, destacan el factor religioso como punto medular para explicar a Medio Oriente. En el primer grupo se encuentran los “fundamentalistas, que siempre son de extrema derecha, que priorizan los deberes religiosos de los ‘creyentes’ que son, principalmente, tener fe y obedecer a la autoridad para ocultar los graves problemas de los ‘ciudadanos’ divididos por sus cuentas bancarias, por su género y sexo, por pertenecer a las minorías étnicas, religiosas y sexuales, etcétera”.
Seguido a ellos, la autora apunta a los medios de comunicación que presentan a las ciudadanas y a los ciudadanos de Medio Oriente “como gente subdesarrollada, fanática, anclada en la Edad Media, encantadas de matar y morir para ir al cielo”.Sobre esta trama, Armanian agrega que a esas mujeres y a esos hombres se los muestran como “seres peligrosos” para la “civilización occidental”, por lo cual hay que contenerlas “con sanciones mortales, sepultarlos bajo las bombas y vigilar a los supervivientes desde las bases militares que instalan en sus tierras para ‘vigilarlos’”.

Armanian advierte que existe “un importante sector de las fuerzas progresistas de Occidente que ha caído en la propaganda imperialista y cree que, por ejemplo, para una familia inmigrantes de Pakistán o Marruecos lo más importante es su religión, y antes de luchar para que tenga el permiso de residencia y trabajo, le prepara una mezquita, como si ésta fuese el motivo de su huida de su país y no la falta de perspectivas tan mundana como universalmente compartida, o vivir mejor en esta misma vida”. Esas fuerzas progresistas, sintetiza la autora, “defienden el laicismo para sí mismo y las peores versiones de la religión para los recién llegados del Oriente “‘musulmán’”.


—¿Hasta qué punto es real el enfrentamiento entre Irán y Arabia Saudí? 
—Es muy real, tanto que Arabia Saudí ha regalado millones de dólares a la administración Trump y se está acercando a Israel para que contengan a Irán como sea. Todo esto es por la hegemonía regional. Lo que es falso es su batalla “religiosa” ente el chiismo y el sunismo.
—¿Cómo vislumbra el futuro cercano en Siria?
—Incertidumbre, tenebroso. Hay demasiados actores y además con intereses divergente como para poder alcanzar un acuerdo y poner fin al conflicto.
—¿Cuál es su análisis sobre los resultados o consecuencias de la denominada Primavera Árabe?
—Los auténticos movimientos populares en favor de la democracia política y económica, como los que tuvieron lugar en Egipto, Túnez, Yemen o Baréin fueron secuestrados por las élites o aplastados por las potencias extranjeras. Lo que ha sucedido en Libia y Siria -aunque también dirigidas por dictaduras férreas-, obedece más a un plan de Estados Unidos, Europa, Turquía, Israel y las petromonarquías árabes: han desmantelado dos poderosos países árabes.
—¿Es posible un acuerdo entre Rusia y Estados Unidos que permita estabilizar a Medio Oriente?
—No, porque además de que Rusia y Estados Unidos tienen intereses divergentes, las potencias regionales como Irán, Arabia Saudí, Israel y Turquía por un lado no son simples “marionetas” de Rusia o Estados Unidos y tiene “vida propia”, y por otro han entrado en una brutal y sangrienta batalla por los mercados de la región, los recursos naturales y las rutas comerciales. Teniendo en cuenta, además, la naturaleza reaccionaria de las clases que los gobiernan, no les importará sacrificar la vida de millones de sus ciudadanos para preservar o incrementar la dimensión de sus intereses.
*Por Leandro Albani para La tinta

jueves, 24 de mayo de 2018

Apuntes sobre el ordenamiento jurídico palestino



Parte 1 – Palestina: Identidad y tierra
Durante las últimas dos décadas el ordenamiento jurídico palestino ha experimentado un procesode actualización y modernización nunca antes visto,
a través del Consejo Legislativo Palestino. Lo anterior, ha permitido que el espacio jurídico que se desarrolla en los Territorios Ocupados Palestinos, se haya dotado de nuevas normas e instituciones en distintos ámbitos, especialmente en materia comercial y tributaria.
En efecto, la legislación comercial palestina, la cual ha ido en constante camino a dotar a Palestina de una institucionalidad que permita fomentar el crecimiento económico y atraer la inversión extranjera. Al respecto, resulta dable decir que estas iniciativas reflejan la idea de que la lucha por la justicia y la igualdad para el pueblo palestino se relaciona también a través de la procuración de incentivos económico-materiales para los palestinos, a modo de que permanezcan en sus tierras y participen en el desarrollo de la nación.
Lo anterior se da en un contexto de fragmentación territorial, política y jurídica, que tiene profundas raíces históricas y el cual el Derecho quiere resolver. A pesar de ello, en las áreas A y B de los Territorios Palestinos funciona un Derecho palestino con normativas claras y una institucionalidad vigente; en las áreas C, la aplicación del derecho palestino y su relación con la autoridad israelí que administra tal territorio, resulta más complejo.
Sin perjuicio de ello, los antecedentes muestran que la población palestina desconfía de las instituciones formales de administración de justicia, lo que la hace proclive a buscar métodos alternativos de solución de conflictos, tales como la sulha a través de los ancianos o jefes de cada familia. Esto se produce en parte importante por la mala gestión palestina en estos organismos, pero también por más de dos décadas de administración de justicia israelí sobre los Territorios Palestinos.

Palestina: Identidad y tierra

Con una identidad profundamente local y fuertemente arraigada en, primeramente, la familia y el clan, y luego en el pueblo o ciudad de origen y en la religión, la construcción de la identidad nacional palestina ha debido integrar el cruce de diferentes variables y discursos. En ese sentido, entendemos que la identidad, tanto individual como nacional, es un elemento en constante construcción y revisión, lo que hace que la “palestinidad” varíe geográfica y temporalmente. Eso significa que pueden coexistir distintas maneras de ser palestino y que, necesariamente, la identidad nacional decimonónica de un pueblo no es necesariamente idéntica a la que tiene un siglo después.
Para inicios del siglo XIX, la mayoría de la población de la Palestina Histórica era rural y sus habitantes se entendían a sí mismos principalmente a partir de su pueblo o ciudad de origen y de su pertenencia a alguna religión (Ugland y Tamari, 1994). Sin embargo, durante el transcurso de ese siglo ya puede observarse el surgimiento de una identidad nacional palestina, lo cual se desarrolla en la misma época de la construcción de los varios de los nacionalismos americanos y europeos.
Al respecto, Khalidi (2009) señala como hito referencial fundamental la aparición de periódicos a fines del siglo XIX e inicios del XX. El primero del que se tiene registro es “Al Quds Al Sharif”, fundado en 1876 como un boletín oficial de las autoridades otomanas en Palestina, el cual contenía una sección en idioma árabe y otra en turco. No obstante, no es sino a inicios de 1900 que aparecen las publicaciones palestinas con claras referencias nacionalistas en sus escritos y declaraciones. Los más destacados son “Al Karmil”, iniciado en Haifa en 1908 por Najib Nassar, y “Filastin”, establecido en Jaffa en 1911 por los primos Issa Al Issa y Yusuf Al Issa. Es así como en los albores del siglo XX, la prensa fue fundamental en el desarrollo cultural y político palestino, permitiendo afianzar la cohesión identitaria de un pueblo fuertemente arraigado en las lealtades locales, especialmente en los años en que el proyecto sionista de colonización de Palestina ganaba fuerza y adeptos.
Mientras tanto en Chile, al otro lado del mundo, inmigrantes palestinos creaban en 1916 el “Club Sportivo Palestino” en la ciudad de Osorno, que en 1920 pasaría a llamarse “Club Deportivo Palestino”, nombre que conserva hasta el día de hoy, como muestra de la fuerte identificación nacional que ya estaba marcada en esos años.
La identidad nacional palestina, aunque resulta heredera de los pueblos que a lo largo de los milenios se establecieron en la zona, es un fenómeno moderno, como lo son todas las identidades nacionales. De esta manera, el impacto de la Primera Guerra Mundial, la caída del Imperio Turco Otomano, la instauración del Mandato Británico y la Declaración Balfour de 1917, constituyen hitos angulares para el desarrollo de esta identidad.
Considerando, además, que todas las identidades se forman en oposición a algo -distinto a ellas-, la irrupción del Sionismo en el escenario árabe a inicios del siglo XX y la Nakba de 1948, constituyen procesos traumáticos que terminaron por consolidar la identidad palestina actual. Probablemente, aquello sea la razón por la que ésta se encuentra cargada de elementos simbólicos de la experiencia traumática del exilio y la desposesión: fellahin (campesinos), kufiya, fedayín (combatiente), shahid (mártir), Nakba (catástrofe), Intifada (levantamiento) y Al Aqsa (Martinelli, 2016); todos conceptos con algún componente de sacrificio y sufrimiento, los cuales son elementos que empapan actualmente la identidad palestina en particular, así como la árabe en general.
De esta manera, en la identidad palestina se funden elementos de las identidades locales, la religión y el panarabismo, además del trauma propio de la Nakba, la Naksa y sus consecuencias. Es por esto que, especialmente luego de 1948, la identificación con la tierra ha sido resignificada en el imaginario colectivo palestino: ya no es necesariamente esa tierra cultivada por la sociedad rural, sino que es esa idea de la tierra que solían cultivar los antepasados, y que ahora es recordada por una sociedad proletarizada, exiliada y fragmentada. Es por esto que, hoy en día, donde sea que un palestino nazca, él o ella es de la ciudad palestina de origen de su familia, pues es ese el lugar en que sus antepasados consolidaron su identidad cultural. (Khalidi, 2009)
Con el transcurso de la segunda mitad del siglo XX, la identidad palestina devendrá cada vez más en políticamente cargada, a raíz de la ocupación israelí de los Territorios Palestinos a partir de 1967 y la experiencia de las dos Intifadas. Sin embargo, luego, con el fracaso de los procesos de paz durante las décadas de 1990 y 2000, la monopolización de la política nacional por parte de las viejas elites, y la influencia de la globalización y el desencanto postmoderno, el sujeto nacional palestino se ha despolitizado, y pasado a concentrarse en las esferas cultural y económica (Zamareh y Abu Kamesh, 2010).
Lo anterior es importante si entendemos el Derecho como expresión de la historia, así como del sentir y pensar colectivo de un pueblo. En este sentido, “[l]a cultura legal de un pueblo es una mezcla multifacética de instituciones, doctrinas, prácticas y estructuras que están envueltas con el desarrollo histórico del área” (Wagner, 2000, p. 29).
Es esto que sostenemos que, incluso para las partes del Derecho nacional que hayan sido impuestas en situaciones de colonización a cierto pueblo, éste termina por resignificarlo y readecuarlo a su realidad e idiosincrasia con el pasar de las décadas. Usualmente, este proceso no es llevado a cabo por el “pueblo” o la “nación”; sino que más bien son las elites nacionales las que lo ejecutan, al concentrar los espacios de vanguardia intelectual, gubernamental y económica. No obstante, ese Derecho readecuado a la identidad nacional refleja muchos de sus elementos identitarios y, además, termina por configurar diversos aspectos de la vida cotidiana del pueblo en cuestión.

BIBLIOGRAFÍA
– Khalidi, R. (2009). Palestinian Identity: The Construction of Modern National Consciousness. Columbia University Press: EEUU.
– Martinelli, M. (2016). La construcción de la identidad nacional palestina. Revista Digital de la Escuela de Historia, Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, vol. VIII, n° 18.
– Ugland, O. y Tamari, S. (1994). Chapter 8: Aspects of Social Stratification. En The Palestinian Society in Gaza, West Bank, and Arab Jerusalem: A Survey of Living Conditions. Institute for Palestine Studies: EEUU.
– Wagner, V. (2000). Palestinian Judiciary and the Rule of Law in the Autonomous Areas – An Introduction. Palestinian Academic Society for the Study of International Affairs (PASSIA): Palestina.
– Zamareh, B. y Abu Kamesh, I. (2010). Palestinian Youth and Political Parties: From a Pioneering Engagement with Political Parties to Fear and Disappointment. Sharek Youth Forum: Palestina.


Fuente http://investpalestine.ps/apuntes-sobre-el-ordenamiento-juridico-palestino/?lang=es

sábado, 19 de mayo de 2018

Israel y Palestina, la asimetría de poder

José Abu-tarbush Quevedo


A Rayab Miri, in memoriam
“(…) Si la justicia para nuestra gente no se puede lograr aquí, entonces ¿a dónde deberíamos acudir?” Estas palabras del presidente palestino Mahmud Abbas, pronunciadas ante el Consejo de Seguridad de la ONU el pasado 20 de febrero, recuerdan el afamado “Diálogo de Melos” narrado por Tucídides en su Historia de la Guerra del Peloponeso, escrita en el siglo V a. C.
Este pasaje es una referencia clásica del pensamiento realista (o realismo político) en la disciplina de las Relaciones Internacionales. Su tesis es que el derecho y la justicia en la política mundial sólo adquieren relevancia si están respaldadas por la fuerza, en caso contrario los fuertes establecen las reglas y los débiles no tienen más opción que acatarlas. Si osaran oponerse o resistirse, la respuesta que obtendrían sería la represión violenta e incluso la guerra; y si ceden, el resultado sería un continuado sometimiento, de opresión y humillación.
La asimetría de poder genera situaciones desiguales en el cumplimiento e implementación del Derecho internacional. La teórica igualdad ante la ley de todos los actores internacionales no es más que una ilusión si no se acompaña de poder e influencia. De ahí que los más débiles tiendan a aferrase al derecho y las instituciones internacionales para tratar de compensar su debilidad, mientras que los más fuertes suelen sortear sus resoluciones cuando no les interesan o son contrarias a sus intereses, alianzas o aliados. Pero también suelen mostrarse muy exigentes y rigoristas en su aplicación cuando coinciden con sus intereses, advierten una ventaja estratégica o se articulan en detrimento de sus adversarios o enemigos.
Una pauta constante del movimiento sionista desde sus inicios y, luego, del Estado de Israel ha sido aliarse a una potencia mundial que le otorgara apoyo e inmunidad en el medio internacional. La alianza establecida con Gran Bretaña durante la primera mitad del siglo XX propició el apoyo imprescindible para materializar la empresa colonial sionista en Palestina: desde la carta colonial expresada en la Declaración Balfour (1917) hasta la política del Mandato británico en Palestina durante el periodo de entreguerras. Gran Bretaña no se retiró de Palestina (1948) sin antes haber asegurado la implantación de Israel. Todo estuvo diseñado para facilitar ese propósito.
Con los cambios operados en la estructura de poder del sistema internacional a raíz de la Segunda Guerra Mundial, la alianza con Gran Bretaña fue reemplazada por la de Estados Unidos al advertirse su preeminencia mundial. Esta alianza estratégica se fue estrechando a medida que avanzaba la Guerra Fría, en particular, a partir de los retrocesos de Washington en Indochina (guerra de Vietnam) y los avances de Tel Aviv en Oriente Próximo (guerra de 1967). Desde entonces, Estados Unidos otorga un apoyo incondicional y ciego a Israel en todos los ámbitos: político, diplomático, económico, tecnológico y militar.
La estrategia palestina de internacionalización de su causa busca compensar su debilidad frente a Israel y equilibrar la mediación internacional frente a la parcialidad de Estados Unidos. Pese a los importantes avances logrados (unos 138 Estados reconocen el Estado palestino), dicha estrategia puede tocar techo si no logra sumar el apoyo efectivo de más Estados, en particular, de los miembros de la Unión Europea.
El reconocimiento unilateral de la administración Trump de Jerusalén como la capital de Israel y el consiguiente traslado de la embajada de Estados Unidos a dicha ciudad descalifican a Washington como mediador honesto, si es que alguna vez lo fue; además de alejar aún más la resolución de este conflicto colonial sobre la base de los dos Estados. Sin ningún contrapeso internacional que nivele esta asimetría de poder (por ejemplo, que Europa pase de las palabras a los hechos), habrá que darle entonces la razón a los realistas políticos; y responder a Abbas que, desde la debilidad y división, su gente nunca gozará ni de justicia ni de libertad.
Los dramáticos acontecimientos que se suceden estos días en la Franja de Gaza, más propios de una auténtica y deliberada masacre, muestran una vez más la inmunidad e impunidad con la que actúa el Estado israelí, al mismo tiempo que ponen de manifiesto la depravación que propicia tamaña asimetría de poder. De ahí la opción, si uno no quiere ser cómplice con su silencio de este crimen de guerra, de adherirse a la campaña de la sociedad civil transnacional de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) contra la colonización, el apartheid y la ocupación israelí, en la que participan también miembros de las comunidades judías en diferentes partes del mundo y sectores de la sociedad civil israelí, desde el periodista Gideon Levy hasta el académico Ilan Pappé.

martes, 8 de mayo de 2018

Orientalismo, de Edward Said, cuarenta años después

Hamid Dabashi
Al Jazeera
 
Cuarenta años después de la publicación de la obra maestra de Edward Said, Orientalismo perdura con otros perfiles y formas.  
  
Orientalismo fue el libro correcto en el momento correcto por el autor correcto, escribe Dabashi  
Hay un video -escondido en algún lugar en lo profundo del desván de internet- de hace 15 años, convocando a una conferencia internacional sobre el libro Orientalismo, de Edward Said, que en ese momento todavía estaba entre nosotros, en la Universidad de Columbia. En ese video se me puede ver presentarlo brevemente (no es que necesite ninguna presentación en nuestro campus) antes de subir al escenario para compartir sus últimos pensamientos sobre su innovadora obra maestra.
Hay otro video de hace unos meses, de septiembre de 2017, cuando fui entrevistado por un joven colega en Ginebra, donde pude divulgar mis últimas reflexiones sobre la importancia de Orientalismo en la actualidad. Entre estos dos eventos escribí y publiqué mi propio libro, Post-Orientalism: Knowledge and Power in Time of Terror (2009).
Estas tres fechas (2003, 2009 y 2017) son muy típicas de la trayectoria estacional de los pensadores críticos de mi generación y su deuda permanente con Said y su texto magistral que invirtió toda una disciplina de la erudición y permitió un modo de pensar -hasta entonces imposible de comprender- en el pensamiento poscolonial en todo el mundo. En Orientalismo Said desarrolló nuestra lengua y desenvainó la espada de nuestro pensamiento crítico.
Hay otra fecha crucial que necesito registrar aquí: octubre-noviembre de 2000, cuando la Academia Italiana de Estudios Avanzados de la Universidad de Columbia recibió a la eminente figura fundadora de la escuela de estudios subalternos, el historiador indio Ranajit Guha, para ofrecer una serie de conferencias que fueron publicadas posteriormente en el libro History at the Limit of World History (2003).
En esta ocasión mi otro distinguido colega de Columbia Gayatri Spivak y yo organizamos un encuentro de dos días sobre las conferencias de Guha al que llamamos "Estudios subalternos en general". Said estuvo presente en esta conferencia y pronunció un discurso de apertura en su primera sesión plenaria.
El Imperio escribe de nuevo
Estos, entre muchos otros rasgos fundamentales de los dos campos interrelacionados de los estudios poscoloniales y subalternos, definidos por pensadores críticos como Said, Spivak y Guha, son índices de una corriente sísmica en modos transformadores de producción de conocimiento que históricamente el eurocentrismo ha enmarcado y aislado de nuestra comprensión del mundo que nos rodea.
Antes de estos pensadores innovadores, el mundo de la modernidad colonial estaba en el extremo receptor de la erudición europea. Su escritura permitió a generaciones de eruditos pensar en términos contrarios al primer plano epistémico de las ciencias sociales y humanidades eurocéntricas.
Hay una serie de textos cruciales en el epicentro de esta reorientación histórica de la erudición crítica en ciencias sociales y humanidades, entre ellos el poderoso ensayo de Spivak Can the Subaltern Speak ? Pero ningún otro texto ha asumido la importancia icónica de Orientalismo de Said por una serie de razones sustantivas y circunstanciales.
Orientalismo fue el libro adecuado del autor perfecto en el momento oportuno. Sólidamente establecido como el teórico literario preeminente de su generación, Said escribió muchos libros y artículos antes y después de Orientalismo.
Pero Orientalismo tocó la nota correcta en la ocasión más trascendental en que el mundo postcolonial en general más lo necesitaba: cuando la condición de colonialismo necesitaba un desacoplamiento temático y teórico del encuadre de la modernidad capitalista en general. Nosotros -en los bordes poscoloniales de la modernidad capitalista- necesitábamos un texto definitorio, un tótem, un testimonio mundano para unirnos a todos. Y Said nació para escribir ese texto y construir ese edificio.
Al igual que todos los textos innovadores, Orientalismo ha originado muchos encuentros críticos importantes, entre ellos dos ensayos fundamentales de Aijaz Ahmad y James Clifford. En mi propio Persophilia: Persian Culture on the Global Scene (2015), me he encontrado divergiendo seriamente con algunas formas cruciales de las posiciones de Said.
Al igual que todos los demás pensamientos fundamentales, Orientalismo tiene una serie de precedentes importantes en el trabajo de Anouar Abdel-Malek, Talal Asad y Bernard S Cohen. Pero todos esos precedentes y encuentros críticos, de hecho, se unen para escenificar y significar el Orientalismo de Said incluso más que si se le negaran tales precedentes.
Incluso esas lecturas abusivas de Orientalismo que lo han convertido en una diatriba contra "Occidente" han tenido sus contribuciones para hacer del libro el momento decisivo de una disciplina. La defensa valiente y pionera de Said de la causa palestina fue, de hecho, paradójicamente instrumental para facilitar tales lecturas abusivas. A medida que se difuminaba el límite entre las lecturas útiles y abusivas de Orientalismo, el texto parecía cada vez más grande, como un clásico que prosperaba por sus propios errores de interpretaciones.
Reescribir el mundo
En el contexto de toda esa cacofonía, Orientalismo fue y sigue siendo una crítica convincente de los modos de producción de conocimiento condicionados por la colonización. Es un estudio de la relación entre conocimiento y poder. Y como tal está profundamente enraizado y en deuda con la obra de Michel Foucault y antes que él, con Friedrich Nietzsche.
Hay una crítica aún más larga y más sustantiva de la sociología del conocimiento que se remonta a La ideología alemana de Karl Marx y Friedrich Engels y se reduce a sociólogos tan influyentes como Max Scheler, Karl Mannheim y George Herbert Mead. El propio Said no era plenamente consciente de esta verdadera trayectoria sociológica, ya que era principalmente un crítico literario y su crítica del orientalismo fue principalmente una crítica de las representaciones figurativas, trópicas y narrativas.
La lección duradera y la verdad permanente del Orientalismo de Said es su precisión clínica al diagnosticar la relación patológica entre el conocimiento interesado y el poder al que sirve. Como he argumentado en detalle en mi libro Post-Orientalismo, hoy la relación entre el poder y el conocimiento sobre el mundo árabe y musulmán, o el mundo en general, ha pasado por sucesivas gestaciones.
Eventualmente, el orientalismo europeo dio paso a los Estudios de Área Estadounidenses y más adelante hasta el surgimiento de grupos de expertos sionistas en Washington DC y en otros lugares dictando los intereses de los asentamientos de colonos israelíes en los intereses imperiales de los Estados Unidos. Hoy los árabes y el islam ya no son sujetos de conocimiento y comprensión, sino objetos de odio y condena.
Hoy dos islamófobos famosos con una historia sostenida del odio a los musulmanes y su fe, Mike Pompeo y John Bolton, son el secretario de Estado de los Estados Unidos y el asesor de seguridad nacional nombrados por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Ya no estamos en el campo del orientalismo porque Said lo entendió y criticó.
Hoy en Europa el odio al judaísmo y a los judíos se ha transformado con éxito en odio al islam y a los musulmanes. En su apogeo, el orientalismo clásico generó un erudito monumental como Ignaz Goldziher, quien, a costa de sí mismo, se negó a ceder ante el poder pernicioso de los sionistas que intentaban reclutar su conocimiento en sus filas. Hoy un propagandista sionista como Bernard Lewis es el principal ideólogo del odio de los neoconservadores a los musulmanes y los diseños imperiales en sus países de origen.
Hoy, una lectura cercana y crítica de la obra maestra de Said requiere un desmantelamiento aún más radical del proyecto europeo de modernidad colonial y todas sus trampas ideológicas. Said allanó el camino y nos señaló la dirección correcta. El traicionero camino por delante requiere no solo los destellos de su pensamiento crítico, sino también la gracia de su coraje e imaginación.
Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no necesariamente reflejan la postura editorial de Al Jazeera.
 Fuente:  https://www.aljazeera.com/indepth/opinion/edward-orientalism-forty-years-180503071416782.html
Traducido para Rebelión por J.M.